miércoles, 22 de septiembre de 2010

OQUENDO, Juan Bautista

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OQUENDO, Juan Bautista

Eufronio Viscarra dice lo siguiente: “Juan Bautista Oquendo nació por los años de 1770. Obtuvo de sus padres una educación cristiana, y ella a no dudarlo, impulsó su espíritu hacia el sacerdocio. Desde muy joven se sintió indignado ante la humillación de su patria, y con esa ardiente fe propia tan sólo de las almas grandes, contribuyó como el que más a la independencia.”
(…) “Así, en 1810, Arze y Guzmán fueron la acción del levantamiento de Cochabamba y Oquendo su palabra. Nadie como este último poseía el donde persuadir y de comover”. (Apuntes para la historia de Cochabamba) Manuel José Cortéz se refiere al famoso discurso que pronunció Oquendo el 23 de septiembre de 1810: “El clérigo Oquendo, orador diserto, dotado de fogosa imaginación, y manejando con singular maestría la lengua de los incas, sabía hermanar las ideas de libertad con las doctrinas religiosas, recordando el antiguo esplendor del imperio del Perú, pintaba con negros colores su abatimiento presente. El orador ponía en contrastes las cosas suntuosas, los espléndidos banquetes, los costosos estidos de los españoles, con la miserable choza, el escaso alimento y los andrajos de los indios. Las minas, eran según él, otras tantas bocas que denunciaban la codicia de los dominadores del país. Al influjo de su palabra revolucionaria corrían a las armas millares de individuos. En las varias comarcas que hizo sus predicciones, se le escuchó como al oráculo de la libertad.” (Memorias de Lord Cochrane). Su discurso decía: “Heroicos cochabambinos, yo veo que aspiráis a grandes glorias; habitantes del más fecundo y delicioso país del mundo, campeones inmortales de la patriótica libertad, vuestra fuerza rendirá la máquina que todavía sostienen en vuestras comarcas los enemigos de la patria y del Estado; esa vigilancia con que acumuláis vuestras tropas, esa unidad de sentimientos con que detestáis el egoísmo y queréis sostener con una pasmosa rivalidad los derechos de la patria y del Estado, es el más convincente argumento de que en vosotros no existe más que un solo pensamiento y un solo deber.”

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