viernes, 24 de septiembre de 2010

ARZE, Esteban

Identifica a tus antepasados. Envíanos biografías u hojas de vida y fotografías de ellos para incluirlos en el blog!

ARZE, Esteban

ESTEBAN ARZE ALBA, nació en Tarata – Cochabamba, en 1765 o 1766 y murió en Santa Ana del Yacuma – Beni el 24 de febrero de 1815. Hijo de Esteban de Arze y Rodríguez y de Mauricia Alba y Uriona, fue alférez real de caballería en 1803, pero los acontecimientos ocurridos en América desde 1809 cambiarían el rumbo de su vida. Muy joven contrajo nupcias con Petrona Nogales, enviudó en 1792 y un año después, el 26 de julio de 1793 se casó con Manuela Rodríguez y Terceros, ambos troncos de ilustre descendencia.

RETRATO
Eufronio Viscarra, su más connotado biógrafo, cita el testimonio de don José Ventura Cabrera y Claros: “Arze era bajo de estatura, delgado y de escasa barba. Su constitución enclenque en apariencia, no le impedía entregarse a los más duros trabajos, pues, es sabido que, entre los guerrilleros altoperuano que llenaron con sus hazañas el ciclo grandioso y fecundo de la revolución, ninguno le superó en energía moral y en actividad física.” Y destaca su inclinación decidida por la guerra a todo trance, al igual que Bolívar y San Martín, pues capitular en esos tiempos significaba resignar la suerte de la patria sometida.
Quizá hubiera terminado sus días como pacífico hacendado pues tenía extensas propiedades a orillas del río Grande y su esposa, ricas heredades en La Loma, Tarata, Paccha, Caine, Guaricaya y Tolata; pero el suyo fue otro destino arrebatado por el torbellino de la guerra independentista, y de ese modo llegó a ser, como recuerda Casto Rojas, el primer general del Alto Perú.
Esteban Arze tuvo una vida corta y fulgurante, cinco, seis años de revuelta, en la cual encabezó un levantamiento histórico que malogró los planes del ejército realista, consolidó la independencia de Buenos Aires y encendió la mecha de la guerra heroica, dispersa, inclaudicable de los altoperuanos contra el yugo español.

EL 14 DE SEPTIEMBRE DE 1810
En 1810 era gobernador de Cochabamba José Gonzáles de Prada. Se había producido una insurrección indígena en Oruro, encabezada por el cacique de Toledo Victoriano Titichoca. Por esa razón, Gonzáles de Prada envió a Oruro un batallón de 300 soldados a órdenes del coronel de milicias Francisco del Rivero, a quien acompañaban el capitán Esteban Arze y el alférez Melchor Guzmán Quitón.
Rivero, Arze y Guzmán Quitón se enteraron por Lucía Ascui, dama de linaje independentista, que serían deportados por sospechosos una vez que llegaran los refuerzos del coronel realista Basagoitia, y entonces huyeron a Tarata en agosto de 1810, reclutaron hombres y pertrechos y marcharon sobre Cochabamba.
El 14 de septiembre de 1810, Rivero, Arze y Guzmán tomaron Cochabamba con una fuerza de mil hombres y destituyeron al gobernador Prada y al comandante Gerónimo de Marrón y Lombera, colaborados por Rivero que había ganado la adhesión de los patriotas cochabambinos en reuniones que celebraba en “la casa de Cangas” situada en lo que es hoy la calle Santiváñez final, en los suburbios aledaños al río Rocha.
Designado gobernador Francisco del Rivero, recibió refuerzos de los pueblos de la provincia. Se organizó una Junta de Guerra, compuesta por Rivero, Arze, Guzmán Quitón, Bartolomé Guzmán, Isidoro Marzana, Antonio Allende, Manuel de la Vía, Faustino Irigoyen, José Manuel Valderrama, Agustín Antezana, Francisco Carrillo y Ramón Laredo, apellidos que conforman hoy ilustre y conocida descendencia.
El levantamiento del 14 de septiembre fue una auténtica revuelta popular que inflamó el ánimo independentista de todo el Alto Perú y paralizó al ejército realista. “Los buenos realistas se entregaban a las más lisonjeras esperanzas, cuando un terrible golpe, la insurrección de Cochabamba, hizo variar totalmente la escena política. Aquella provincia, situada entre las Charcas, Potosí y La Paz, era la más fuerte, la más feraz y la más poblada y cuyo influjo, finalmente, había de ser decisivo para el partido que abrazase”. ...”No podían los cochabambinos haber elegido una ocasión más propicia para sus infames designios. Aquel atentado trastornó todo el plan de los jefes realistas; fue preciso pedir a Lima nuevos refuerzos y consejos; se paralizaron los movimientos militares, se obstruyó una parte de los bien combinados planes contra el enemigo, y este inesperado golpe aumentó el compromiso del gobierno, e hizo muy crítica la posición de los comandantes que se hallaban organizando nuevas tropas en aquellos partidos”, escribe Mariano Torrente, historiador español. Por eso aparecieron en la Gaceta de Buenos Aires estas famosas palabras: “Ahora podemos expresar francamente: el Alto Perú será libre porque Cochabamba quiere que lo sea; y los bravos cochabambinos, cuyos fuertes brazos no tuvieron otro ejercicio que el cultivo de las tierras, y el constante trabajo de sus útiles talleres, se emplearán en deshacer a los tiranos”.
Goyeneche midió de inmediato la gravedad de la situación y convocó a sus comandantes Juan Ramírez y Fermín de Piérola para armar un ejército en el Desaguadero bajo su mando.
Rivero celebró el 23 de septiembre la jura y el reconocimiento de la Junta provisional y gubernativa de Buenos Aires. En cabildo abierto, se escuchó la fogosa retórica del presbítero Juan Bautista Oquendo, ardiente patriota que manejaba a sus anchas el quechua, y a su calor se determinó la urgencia de marchar a Oruro para proteger los caudales depositados en las reales cajas; pero el objetivo central y secreto era cortar comunicación entre los jefes realistas Goyeneche y Nieto y apoyar al ejército auxiliar de Juan José Castelli en su avance al Alto Perú.
Con ese fin, Esteban Arze se puso a la cabeza de mil hombres de armas distribuidos en 10 compañías, una tercera parte con malos fusiles y arcabuces, y el resto con hondas, barras de hierro y macanas, y ocupó Oruro el 22 de octubre de aquel año, donde pudo contar con dos compañías adicionales bajo las órdenes de Gregorio Sempértegui, Miguel Aparicio Rocha y Juan Pablo Lera.

BATALLA DE AROMA
Las tropas de Arze llegaron a los campos de Aroma el 14 de noviembre, donde divisaron las fuerzas del coronel Fermín de Piérola que constaban de 400 fusileros y 400 dragones de línea. El corto alcance de sus fusiles, arcabuces y cañones de estaño sugirió a los patriotas una “táctica harto singular”: los separaba del ejército realista una pampa donde abundaban conejos que excavaban enormes zanjas, las cuales, al igual que los barrancos del río de Aroma y la vegetación de tolas, servían de fácil abrigo. Los hombres de Arze se guarecían mientras el enemigo disparaba y se aproximaban a él cuando cesaba el fuego. De ese modo pasaron desapercibidos hasta el momento del asalto y la lucha cuerpo a cuerpo, en la cual prevaleció la fuerza de los cochabambinos. Piérola perdió 100 hombres, todas sus armas y a su paso por Sicasica fue completamente desbaratado. Arze avanzó hasta ese punto recogiendo armas, pero lastimosamente los cochabambinos no quisieron pasar adelante, se desbandaron y retornaron a Cochabamba, probablemente por temor a la reacción de las fuerzas de Domingo Tristán y Moscoso acantonadas en La Paz, y de Juan Ramírez, situadas a sólo 20 leguas, en Viacha.
Los festejos en Cochabamba fueron memorables, pues se dice que los repiques no cesaron en 72 horas y la campana mayor, la de San Francisco, se rajó irremediablemente.

EFECTOS DE AROMA
La ocupación de Oruro por las fuerzas de Arze desconcertó al virrey Abascal; para colmo, Juan José Castelli había conseguido una clara victoria en Suipacha siete días antes de Aroma, y cuando le llegó la buena nueva enviada por Arze pudo marchar de Potosí al Titikaka sin dificultad alguna.
Ramírez no quiso abandonar Viacha. Tristán, presionado por el triunfo de las “fuerzas irresistibles de Cochabamba” resolvió reconocer a la Junta de Buenos Aires dos días después de Aroma.
La noticia en Buenos Aires causó regocijo y permitió recoger la frase que habría dicho Esteban Arze antes de la célebre batalla: “Valerosos cochabambinos, ante vuestras macanas el enemigo tiembla”, que en Argentina repetían burlonamente. Por su parte, los patriotas del Cuzco lanzaron una proclama que decía: “No hubiera necesitado la América de otra victoria que la de Aroma, para el completo triunfo de su libertad, si al valor y al entusiasmo de Cochabamba hubiera acompañado los elementos de guerra necesarios”.
Luego del desbande voluntario de las fuerzas patriotas en Sicasica, el nuevo plan consistió en desplazar un ejército de 800 hombres de caballería a La Paz al mando de Bartolomé Guzmán y otra fuerza similar a Chuquisaca al mando de Manuel Vía. Bartolomé Guzmán entró a La Paz en medio de un gran recibimiento. Permaneció a orillas del Choqueyapu hasta incorporarse a las fuerzas de Castelli y participar en la batalla de Guaqui, lamentablemente adversa a la causa patriota.

DESASTRES DE GUAQUI Y AMIRAYA
Castelli recibió dos mil cochabambinos de refuerzo al mando de Francisco del Rivero. Con esa fuerza ingresó sin la menor dificultad a La Paz el 10 de abril de 1811 y de inmediato pidió un armisticio al virrey Abascal y al Cabildo de Lima. Goyeneche, que había cruzado el Desaguadero, aceptó el cese de hostilidades por 40 días, pero traicionó la buena fe de Castelli y lo atacó tres días antes de concluirse la tregua, el 20 de junio de 1811.
Durante la campaña de Guaqui se manifestó con nitidez la actitud recelosa de Castelli con las fuerzas cochabambinas y las verdaderas intenciones de Buenos Aires, que no admitía la autonomía del Alto Perú sino su anexión como provincia que había sido del antiguo Virreinato. Castelli actuó con reserva y susceptibilidad con Francisco del Rivero pues no lo incorporó a su Estado Mayor, lo mantuvo en retaguardia y le ocultó la noticia de la tregua que había firmado con Goyeneche. No obstante, en el parte de guerra a Buenos Aires destacó la conducta “del inmortal Rivero, que con tres mil cochabambinos... tuvo la satisfacción de hacerles retroceder (a los realistas) como diez y siete leguas”.
Batidos Castelli y Balcarce, se replegaron a Chuquisaca y Díaz Vélez a Potosí. Llegado a Cochabamba, Rivero dirigió una solicitud de tregua a Goyeneche, mientras Arze juntaba en Tarata nuevas fuerzas para hacerle frente. Rivero propuso al vencedor de Guaqui que retirara sus fueras al Desaguadero para respetar la voluntad del pueblo altoperuano; por toda respuesta, Goyeneche avanzó al sur para reprimir a los cochabambinos. Mal armados, los patriotas salieron al encuentro del enemigo, esperando someterlo en las quebradas de Arque y Tapacarí, pero Goyeneche desvió su curso por la cuesta de Tres Cruces y descendió a los campos de Amiraya. Los patriotas extendieron demasiado su línea de batalla y fueron fácilmente batidos por los batallones Real de Lima y Granaderos del Cuzco.
El temible jefe realista ingresó a Cochabamba el 15 de agosto de aquel año y estableció su cuartel en La Chimba. Dicen que trató a todos con indulgencia, reconoció a Rivero en su grado de coronel y aun repartió dinero entre el pueblo para borrar la impresión que habían dejado los insurgentes, pintándolo “con los más vivos colores de la crueldad y de la execración” después de los excesos que cometió con los patriotas paceños. Entonces se murmuró, sin el menor fundamento, contra Rivero por un supuesto entendimiento con Goyeneche. Desalentado por esas versiones, Rivero se retiró a su finca de Sucusuma, contrajo una fiebre y murió en Cochabamba poco tiempo después de que Goyeneche siguiera viaje al sur, para invadir territorio argentino.
La campaña de Guaqui y Amiraya pesó en el ánimo de los patriotas, sobre todo por la falta de recursos para reanudar la lucha. No faltaron hombres de buena intención que abogaron por un armisticio; pero primó el criterio de Esteban Arze y Melchor Guzmán de continuar la guerra a todo trance.
Esteban Arze se había refugiado después de la derrota de Amiraya en las quebradas próximas al Río Grande, en su hacienda de Caine; pero no bien se enteró de la salida de Goyeneche al sur, reunió nuevas fuerzas en el Paredón (hoy Anzaldo) y en el valle de Cliza y volvió a tomar la capital el 29 de octubre de 1811 protagonizando el segundo levantamiento de Cochabamba. Instaló una junta de gobierno y designó prefecto a don Mariano Antezana, quien se abocó de inmediato a conseguir recursos interviniendo el cobro de diezmos con buenos resultados. La provincia se convirtió en una colmena de aprestos bélicos: se fundían bolas huecas de bronce para los cañones de estaño inventados por los cochabambinos que asombraron al general argentino Manuel Belgrano por su ingenioso artificio; balas de cristal que eran proyectiles de fragmentación, fundidas en la región de Paredón; otros obtenían estaño, plomo y hierro de las minas existentes en la región para fundir balas. De ese modo pudo armarse un contingente de tres mil hombres y una milicia de indígenas de Arque para marchar nuevamente sobre Oruro en noviembre de aquel año. Lastimosamente los realistas al mando del cruel Indalecio González de Socasa se refugiaron en la fortaleza de la ciudad y no pudieron ser batidos. Arze se replegó a Paria y luego a Cochabamba. Corría diciembre cuando se dirigió a Chayanta con sus tropas en busca del coronel realista Pablo Astete. Tomó contacto con los patriotas de la región, en especial con Gabino Terán y Mateo Zenteno, que resistía en Challa, y al fin obligó a Astete a retirarse hasta el Desaguadero, despejando de realistas la provincia que fue cuna de Tupac Katari. Muy disgustado, Goyeneche informó al virrey Abascal que Astete había perdido en la retirada 300 hombres.
La actividad infatigable del caudillo de los valles le ganó inmensa reputación. El general argentino Pueyrredón le envió desde Jujuy la designación oficial como presidente de la Junta provincial de Cochabamba y su ascenso al grado de coronel efectivo. Como dice Eufronio Viscarra, se abrió para Arze el tiempo “más activo de su agitada existencia”. Terminada la campaña de Chayanta, volvió a juntar 4.000 hombres, casi todos de infantería pues Goyeneche requisó caballos a su paso. Los fusiles no llegaban a 500, muchos de ellos con mecha que debía encender un auxiliar de quien apuntaba, y los arcabuces de estaño no pasaban de 600. Desde su cuartel general de Tarata, hizo incursiones a Mizque, para ponerse de acuerdo con el guerrillero Carlos Taboada; a Tintín, Paredón y Arani, en busca de hombres y pertrechos. Una copla de aquel tiempo se burlaba de aquel contingente: “Como jeringuitas o tachos / hay arcabuces de estaño / que el ingenio de un paisano / urdió para los muchachos”... “Seis compañías brillantes / de cuero llevarán hondas / en que granadas redondas / al cascabel semejantes / largarán muy vigilantes.”
Fue tal la contrariedad de Goyeneche al enterarse del nuevo levantamiento de Cochabamba, que renunció definitivamente al proyecto de invadir territorio argentino. Convocó a las fuerzas del general Tristán, de los coroneles Lombera, Revuelta, Huici y Álvarez Sotomayor para dar un escarmiento definitivo a los patriotas cochabambinos. Se desplazó a Pocona mientras Arze ocupaba Mizque. El destino los encontró el 23 de mayo de 1812 en la pampa del Quehuiñal, ubicada en las inmediaciones de la laguna de Vacas. Dicen que el combate fue “largo y porfiado”, pero al fin se impuso la superioridad del armamento realista y los hombres de Arze tuvieron que retirarse y perder su escaso armamento.
Cochabamba quedó a merced de Goyeneche y fue ocupada el 27 de mayo de aquel triste año, en una operación envolvente en la cual ingresó por el oeste el coronel Juan Ramírez, por el Alalay y las faldas del Ticti el sanguinario José Mendizábal e Imas y por el centro el feroz comandante. Los escasos hombres, pero sobre todo las valerosas mujeres, se apostaron en las alturas del San Pedro, el Ticti y la colina de San Sebastián, que fue teatro de su cruel inmolación, según cuenta Nataniel Aguirre en su inmortal novela “Juan de la Rosa”.

ÚLTIMAS NOTICIAS DE ARZE
Derrotadas sus fuerzas en el Quehuiñal, Esteban Arze se refugió en Mizque, teatro donde actuaba Carlos Taboada, vecino de distinguido linaje, que había hecho estudios durante largos años en las provincias argentinas donde se empapó de ideas liberales. Vuelto a su tierra, Taboada comenzó sublevando indios, con los cuales sitió en varias oportunidades la ciudad de Chuquisaca. Pero pronto se alistó en las filas comandadas por Arze y participó en numerosas batallas. Arze y Taboada volvieron a sitiar Chuquisaca, pero lamentablemente fueron diezmados en la batalla de Molles, Taboada cayó prisionero y fue ajusticiado el 20 de junio de aquel año.
Los sobrevivientes del pequeño ejército de Taboada y Arze trataron de ganar la frontera con Argentina para incorporarse al ejército de Belgrano, pero fueron aprehendidos en Suipacha y unos murieron en la horca y otros en el temible presidio de Casas Matas. Arze pudo cruzar la frontera y se presume que se alistó en las filas del ejército argentino pues “existe el informe de la comisión liquidadora de los sueldos de los guerreros de la independencia”... “donde consta que don Esteban Arze recibió en Salta doscientos pesos a cuenta de sus haberes, lo que hace presumir fundadamente que el caudillo cochabambino asistió a las memorables jornadas de Tucumán y Salta”, según testimonia el biógrafo Viscarra.
Después del triunfo argentino sobre Domingo Tristán en la campaña de Salta, Goyeneche huyó precipitadamente del Alto Perú para no volver más y fue reemplazado por Joaquín de la Pezuela, quien jamás pudo invadir territorio argentino por la denodada lucha que le dieron los patriotas altoperuanos. Pero un nuevo revés sufrió la patria cuando el general Belgrano, que había entrado a Potosí el 19 de mayo de 1813 sufrió dos derrotas consecutivas en Vilcapugio el 1º de octubre y en Ayohuma el 14 de noviembre de aquel año. “Se cree generalmente que don Esteban Arze asistió a las batallas de Vilcapugio y Ayoma con Arenales”, dice don Eufronio Viscarra, “porque estuvo en Salta pocos meses antes de las referidas batallas”, pero no hay pruebas ciertas de que haya combatido.

DESTIERRO Y MUERTE
¿Quién era Juan Álvarez de Arenales? Español de nacimiento y militar de escuela, se destacó en la guerrilla de Vallegrande, coordinando acciones con Manuel Ascensio Padilla, caudillo de La Laguna. Fue nombrado brigadier general por Buenos Aires, gran mariscal del Perú, mariscal de campo de Chile, y concurrió a la firma de nuestra Acta de la Independencia. Le tocó mantener una fuerza considerable en el Alto Perú, compuesta en su mayoría por soldados cochabambinos, tras la retirada definitiva de las tropas de Buenos Aires, en esos días en que no había punto del territorio del Alto Perú y de Argentina donde no se encontraran combatientes cochabambinos que se habían hecho fuertes además en Ayopaya e Inquisivi.
La historia registra los últimos esfuerzos de Esteban Arze en el año de 1814, cuando acudió a Vallegrande con sus hijos Andrés y Manuel, para integrar las fuerzas cochabambinas que peleaban bajo órdenes de Arenales, y es probable que haya combatido en las batallas de la Angostura, San Pedrillo y La Florida, en la cual Arenales batió al coronel realista Manuel Joaquín Blanco. Sin embargo, en un gesto inexplicable, la Junta de Buenos Aires ordenó la captura de Esteban Arze para someterlo a proceso y condenarlo con las firmas de los jefes Arenales y Warnes. Debido a ello, Arze fue confinado a San Pedro Viejo, entonces asiento del gobernador y capital de la provincia de Mojos. De allí fue trasladado a Santa Ana del Yacuma, donde murió poco después, a los 49 años y en la mayor pobreza, pues las dos últimas monedas que conservó sirvieron para celebrar misas en sufragio de su alma, y la viuda supo la triste nueva a la distancia, gracias a una comunicación del padre La Cueva, misionero de Santa Ana que asistió a don Esteban en sus últimos días.
¿Qué explicación dar al destierro injusto de don Esteban Arze por orden de Buenos Aires? El Alto Perú --en especial Cochabamba--, era territorio equidistante de los Virreinatos de Lima y de Buenos Aires, que tenían intereses comerciales contrapuestos. Los criollos limeños eran agentes de la Casa de Contratación, del Consulado y la Audiencia, es decir, de los intereses comerciales de Sevilla y Cádiz, que se beneficiaban con las leyes monopolistas de la Corona española y no permitían el comercio libre. En cambio los bonaerenses comerciaban libremente con los ingleses, gracias a un acuerdo de España con Inglaterra que los beneficiaba, y atraían la producción altoperuana hacia el puerto de Buenos Aires, consolidando lazos comerciales, políticos e ideológicos entre el Alto Perú y Buenos Aires en los 34 años que duró ese Virreinato. Hay quien dice que durante la invasión inglesa al puerto de Buenos Aires, en tiempos del virrey Liniers, mujeres cochabambinas defendieron el puerto echando aceite hirviente a las tropas invasoras. En fin, cuando Napoleón invadió España, se formó una Junta Provisional de gobierno español en Sevilla. A ese gobierno apoyaban el Virrey y los comerciantes de Lima, no así Buenos Aires, que formó su propia Junta, a la cual se adhirió Cochabamba.
Poco después, el distanciamiento contra Buenos Aires era común no sólo en territorio altoperuano, sino también entre salteños, tucumanos, entrerrianos y santafesinos, que tenían mayor comunidad con el Alto Perú que con la capital porteña. Nuestros patriotas se separaron de Buenos Aires por no seguir intereses ajenos. Rivero, Arze, Guzmán Quitón querían formar una entidad política autónoma de Buenos Aires y de Lima, que en realidad debía sortear tremendos obstáculos para surgir, por estar en medio de intereses contrapuestos de las dos metrópolis. Por eso el historiador José Luis Roca afirma que “Bolivia se hizo república gracias fundamentalmente a Cochabamba”.
Los escritores argentinos citan estos hechos de acuerdo a su óptica. “El Coronel Don Esteban Arze y el Capitán Don Manuel Blanco habían sido procesados a consecuencia de una intentona revolucionaria que con objeto de apoderarse del Gobierno de Cochabamba, tuvo lugar poco después de la Batalla de Ayohuma, resultando del sumario plenamente comprobada la culpabilidad de ambos, y ordenó fueran confinados ambos al interior de la Provincia de Santa Cruz.” (Datos tomados del Archivo de Arenales). Otro comentarista dice que a Buenos Aires le animaba el proyecto de reconstruir el antiguo Virreinato en toda su jurisdicción con un gobierno republicano, pero para ello había que “prescindir de los principales protagonistas del gran drama” de la independencia del Alto Perú, por cuanto veían con recelo el ascenso de Arenales, español de nacimiento.
Desterrado Arze, su esposa, doña Manuela, sufrió las represalias de Goyeneche, pues le confiscaron sus extensas propiedades y aun su casa de Tarata; pero en 1826 el Libertador Bolívar decretó la restitución de su patrimonio.

LOS RESTOS DE ESTEBAN ARZE
En agosto de 1947, el Prefecto de Cochabamba, Don Germán Zegarra, conformó una comisión para recuperar los restos de Esteban Arze en Santa Ana del Yacuma. La Comisión presidida por el Dr. José Macedonio Urquidi, precisó, como misión inicial, el sitio donde fue sepultado el Caudillo de los Valles, a un costado del altar mayor del templo parroquial, que había sido destruido y carbonizado por un incendio a mediados del siglo XIX, conforme se lee en el acta de defunción.
El Dr. José Macedonio Urquidi explicó en un encendido discurso que la muerte del héroe se debió a las diferencias de mando con el Jefe argentino Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien lo confinó por el único delito de criticar la prepotencia argentina de Castelli, Balcarce, Arenales y Pueyrredón, quien sustrajo los caudales de las arcas de Potosí; y de Belgrano, que ordenó volar la Casa de la Moneda antes de retirarse, aunque venturosamente fue desobedecido. El Comité Patriótico de la Provincia de Yacuma conservaba el certificado de defunción del héroe que dice lo siguiente: “En este pueblo de Nuestra Señora de Santa Ana y febrero veinticuatro de mil ochocientos quince: enterré en este Santo Templo en el costado izquierdo junto al primer orcón, o pilar de la Virgen, con vigilia y tres posas de Cuerpo presente, el cuerpo mayor de D. Estéban Arze, vecino del pueblo de Tarata y oriundo del mismo, casado con Doña Manuela R. Terceros natural del mismo pueblo; en su enfermedad recibió todos los santos sacramentos y lo firmo para que conste.- Pedro Pablo Saucedo. Aquel 14 de septiembre de 1947 se descubrió una plaqueta en la catedral de Santa Ana que dice: “Al General Esteban Arze, La Patria agradecida”. De este modo, los restos fueron trasladados a la Iglesia Matriz de Tarata, donde la posteridad le rinde tributo de admiración.

2 comentarios:

  1. QUE IMPRESIONANTE!!!! ME GUSTARIA CONTACTARME CON ALGUIEN QUE CONOZCA A LA FAMILIA ARCE PANTOJA, MI ABUELO NACIO EN COCHABAMBA Y SE LLAMABA SAMUEL ARCE PANTOJA. DEBEN EXISTIR NIETOS, YA QUE TENÍA HERMANOS. AGRADECERIA CONTESTACION
    AIDA T.ARCE LANDI, CAPITAL FEDERAL ARGENTINA

    ResponderEliminar
  2. Quisiera saber si tuviera alguna información de la estatua que existe en su respectiva plaza. Concretamente quisiera conocer: el nombre del autor, el tipo de material, la altura, alguna inscripción, fecha de colocación, y otra que sea pertinente.

    La información será añadida al mapa OpenStreetMap de acceso libre, gratuito y mundial creada por ciudadanos y para ciudadanos.

    Gracias!

    ResponderEliminar