jueves, 23 de septiembre de 2010

CANELAS CANELAS, Demetrio

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CANELAS CANELAS, Demetrio
1880-1958

El primer editorial del diario Los Tiempos, publicado el 16 de septiembre de 1943, fue el parteaguas entre un antes y un después en el ejercicio del periodismo boliviano. Se vivía los embates históricos de la posguerra del Chaco, y la experiencia periodística le permitió a don Demetrio vislumbrar un nuevo escenario en el cual el periodismo había abandonado “la función tribunicia” y la vieja condición de “instrumento de combate”. Usando el símil del cese de fuego en el Chaco, don Demetrio decía que ese viejo periodismo había “silenciado fuegos y arrinconado su vieja fusilería de percusión”, y que el nuevo periodismo ya no sería más tribuna de libelistas, propagandistas y pasquineros, tan comunes desde los albores de la Independencia. “La parte trascendental de la vida no está en lo que uno piensa sino en los hechos cotidianos que acontecen”, y sobre ellos se debe hablar “con alguna mayor imparcialidad…para ilustrar y documentar la conciencia pública, antes que para asumir el papel de conversor y catequista”. Esta regla de oro formulada por Demetrio Canelas es el principio básico del periodismo moderno, al cual se agregó un corolario: “informar con asiduidad y honestidad profesional” para que el público forme “sobre los hechos ocurrentes su propio criterio” y un principio: “Un público bien informado es la mejor defensa para la moral y el orden político.”
Uno tiende a comparar a este patricio boliviano con el Ciudadano Kane, sólo que el personaje creado por Orson Welles quizá no hubiera podido bogar en un “diario libre” sobre el tormentoso mar de la política boliviana. El periodismo libre que practicó y sigue siendo norma en esta casa periodística fue abruptamente silenciado el 9 de noviembre de 1953 y tuvo que esperar catorce años para retornar en la línea invariable de su fundador.
Demetrio Canelas fue hombre público y un político de principios; fundó el Partido Republicano Genuino, junto a Daniel Salamanca, Bien pudo haber accedido a la Primera Magistratura del país, pero la estructura íntima de su personalidad lo inclinó por la profesión más emblemática de una democracia: el periodismo. Con esa vara hay que medir la inmensa decepción que debió sentir al ver asaltada y destruida la obra de su creación y al aceptar que la vida no le daría una nueva oportunidad. Tuvieron que pasar catorce años para que su hermano, Don Carlos Canelas Canelas echara nuevamente a navegar esta nave periodística. Por eso la historia de LOS TIEMPOS es una saga de la familia Canelas iniciada por don Demetrio, el fundador; secundada por Julio César y Carlos; y continuada hoy por la tercera y cuarta generación de esta ilustre familia.
Demetrio Canelas Canelas era hijo de José Manuel Canelas y Teodosia Canelas; el menor de nueve hermanos: Demetrio, Julio César, Manuel José, Cristóbal, Luis, Mercedes, Candelaria e Isabel.
Inició su vocación a principios de 1901 en “El Heraldo”, de Cochabamba; estudió Derecho en la UMSS y se graduó de abogado en 1904. En 1903 fue Redactor-Jefe en “El Heraldo”; redactor editorialista de “El Ferrocarril”, que dirigía el Dr. Fernando Quiroga Salamanca. Fundó “La Prensa” en 1908; “La Patria” de Oruro (1919), del cual fue director y editorialista. Su oposición a la firma del Tratado de 1904 con Chile provocó el asalto y destrucción de sus talleres y oficinas.
Durante el gobierno del Dr. José Gutiérrez Guerra (1917-1920) protestó contra la represión a periodistas en una serie de artículos titulados “La Armenia Boliviana”, publicados en El Republicano, de Cochabamba, que le valieron la entrega de una pluma de oro en Sucre.
Desde esas páginas promovió la descentralización administrativa y fue autor del proyecto aprobado por el Referendum de 1930, pero quedó en suspenso por el estallido de la Guerra del Chaco; más tarde inspiraron la ley promulgada por el Presidente Jaime Paz Zamora.
Sufrió varios exilios, entre ellos a la Argentina en 1928. El Partido de la Unión Republicana, del cual fue dirigente, fue la primera organización política que postuló la reforma agraria, el voto universal y la nacionalización de las minas, petróleos y ferrocarriles. Daniel Salamanca expuso la validez teórica de esos postulados en la convención republicana de 1916 y fue secundado por don Demetrio en sus editoriales, como que en 1931 fue elegido diputado por los trabajadores mineros de Llallagua, Uncía y Siglo XX. David Alvéstegui en su obra “Salamanca” y Guillermo Lora en su “Historia del Movimiento Obrero Boliviano”, período 1900-1923, confirman estas afirmaciones del Dr. Joaquín Espada.
Entre 1932 en que se inició la guerra del Chaco y 1943, año de la fundación de Los Tiempos, Demetrio Canelas fue parlamentario, Ministro de Guerra y Canciller de la República. Durante los regímenes militares de la posguerra volvió al periodismo y de ese modo decidió fundar Los Tiempos en Cochabamba. El libro “Historia de diez años de periodismo” (1960) testimonia las vicisitudes que sufrió Los Tiempos desde su fundación, por la labor crítica que ejerció durante el régimen de la Logia Radepa y el MNR hasta el asalto y destrucción del 9 de noviembre de 1953. En la serie titulada “Problemas bolivianos”, don Demetrio escribió una verdadera autopsia de la política nacional, desentrañando las causas últimas de nuestra agitada vida política con probidad intelectual y moral. Durante el gobierno de Busch, don Demetrio fue confinado a la isla de Coati para evitar que se opusiera a la firma del Tratado de Paz con el Paraguay, que sancionó la pérdida del Chaco Boreal.
Durante el gobierno del General Enrique Peñaranda, la intervención del diputado Demetrio Canelas en la interpelación de octubre y noviembre de 1943 a raíz de la masacre de Catavi (1942) fue decisiva para precipitar el golpe del 20 de diciembre de 1943 que permitió el ascenso al poder del My. Gualberto Villarroel. El Dr. Joaquín Espada revela que Villarroel consultó a don Demetrio para que se hiciera cargo de la Presidencia de la República; ofrecimiento que el ilustre tribuno y periodista desechó.
A fines del sexenio 1946-1952 que se inició con colgamiento del Presidente Villarroel, don Demetrio enjuició los errores de “la junta militar gastronómica del general Hugo Ballivián”, en páginas plenas de ironía.
Producida la revolución del 9 de abril de 1952, don Demetrio acompañó a Jules Dubois, redactor del diario “Chicago Tribune” y presidente del Comité de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa, de la cual fue dirigente, para reclamar ante el gobierno del Dr. Víctor Paz Estenssoro por la confiscación del diario “La Razón”, de propiedad del empresario minero Carlos Víctor Aramayo, cuyas minas fueron nacionalizadas medio año después de la revolución de 1952.
En julio de 1953, don Demetrio advirtió en un editorial sobre los aprestos de los universitarios que, a través de asambleas, crearon las condiciones para la confiscación de Los Tiempos. El estallido de un complot de Falange Socialista Boliviana en noviembre de ese año, sirvió de pretexto para asaltar y destruir los talleres y oficinas de Los Tiempos y la valiosa biblioteca y archivo de don Demetrio en noviembre de aquel año.
Desde el exilio, don Demetrio continuó su labor esclarecedora y crítica del régimen movimientista hasta su deceso en 1958. No pudo asistir a la resurrección de Los Tiempos, ocurrida catorce años después.
OBRA.- La obra ensayística de Demetrio Canelas fue compilada en cuatro tomos: Problema marítimo de Bolivia, La guerra del Chaco, Dictadura y democracia y Diez años de periodismo en Bolivia (Editorial Canelas, 1992). Al inicio de su carrera publicó también la novela Aguas estancadas.
Problema marítimo de Bolivia fundó sobre un análisis exhaustivo de la documentación histórica y el Derecho Internacional la tesis reivindicacionista, según la cual, Bolivia debe desechar todo arreglo transaccional y recuperar los 400 kilómetros de litoral que le fueron arrebatados por Chile en la Guerra del Pacífico.
Según el Dr. Joaquín Espada, editor y comentarista de esta colección, Chile obtuvo de Bolivia indemnizaciones financieras bélicas fabulosas, de varios cientos de billones de dólares, con ganancias provenientes del huano, salitre, cobre, hierro y otros minerales, con cuyo concurso económico es ahora poderosamente guerrero y financieramente próspero. Así alcanzó su incontrastable poderío merced a las tierras cautivas conquistadas de Arica, Tarapacá y Atacama, erigiéndose en una potencia de primera magnitud.”
Demetrio Canelas refutó y desahució las tesis “practicistas”, que sólo hacen juego a las “insaciables ambiciones imperialistas” de Chile, y al escollo insalvable incorporado a su Constitución Política, que postula que ninguna parte de su territorio de origen y de conquista puede ser cedida so pena de cometerse un acto de traición a la patria chilena.
La Guerra del Chaco es una recopilación de conferencias, monografías y artículos de quien fue el estadista más identificado con el Presidente Salamanca para el resguardo y defensa del territorio chaqueño. Las gestiones del Dr. Canelas se hicieron efectivas en 1931, cuando, en su condición de Ministro de Hacienda del gobierno de Salamanca, decretó la implantación de la minería y la industria nacionales en los territorios inexplorados del Chaco. A él se debe asimismo la provisión de recursos en moneda fuerte para encarar el inminente estallido de la guerra.
Dictadura y democracia y Diez años de periodismo en Bolivia reúnen su palabra orientadora expresada en sus valiosos editoriales, correspondencia y documentos políticos, cuya lectura es imprescindible para conocer nuestra agitada vida republicana desde un ángulo objetivo y honesto. Como dice el Dr. Joaquín Espada, “esa confrontación de esfuerzos heroicos bolivianos contra las dictaduras y satrapías, la plutocracia, la burocracia, el militarismo alzado, la plebecracia demagógica y demás taras de nuestra vida política, analiza el doctor Canelas en versiones completas y sabias monografías que necesitan ser tema de exégesis y de meditación para los bolivianos que tienen responsabilidad de gobernantes o de buenos hijos de Bolivia redimible.”
Demetrio Canelas fue un político visionario al promover la República Mamorénica, basada en el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura caminera para vertebrar el Occidente de Bolivia “con el Oriente cruceño y las llanuras moxeñas, teniendo por fin hacer del río Mamoré la columna dorsal de nuestra estructura geográfica”. “Si hay una perspectiva de resurgimiento está en una nueva República mamorénica”, resumía el fundador de Los Tiempos.
Sobre las diferencias étnicas escribió páginas proféticas en 1945: “Santa Cruz (el Mariscal de Zepita) pudo haber fundado una dinastía mestiza, altoperuana, formada por cholos letrados y ambiciosos, absorbiendo en su organización burocrática a los saldos de material europeo, que habían dejado las guerras, y a los criollos del tipo de José Mariano Serrano y Casimiro Olañeta, hombres flexibles, provistos de locuacidad, y aparentes para magnificar con las galas de la oratoria, los fastos militares y administrativos de su tiempo. (…) Toda la obra cruciata se vino al suelo, junto con el vasto ensueño de la Confederación Perú-boliviana. Con ello, desapareció también la república mestiza, surgiendo para la minoría criolla, de tez blanca, residuo del régimen colonial, la oportunidad de ensayar, a su vez, el primer papel en el drama.” En la misma línea enjuicia la presidencia de Belzu: “Otra vez, en manos de Belzu y esta boa constrictor, se hunde la empresa de edificar la república mestiza. La nación, para salvarse del caos y la corrupción cuartelaria, echa de nuevo los ojos en el hombre blanco, que a más de llevar en sus venas sangre azul, ostenta ahora en la portada de su casa señorial, un escudo de armas: es el Doctor Linares. Prosigue la guerra civil secular entre la nación morena y la nación blanca.”
Sobre la herencia colonial escribió: “La carga de subversión que existe en el fondo de la vida política y en el alma boliviana se origina en la injusticia histórica, hasta ahora no redimida, del despojo, destrucción y avasallamiento por el conquistador español, de una vieja cultura representada por una raza inerme y decadente, connaturalizada a toda degradación. En cada conciencia palpita un confuso aliento de culpa y reparación, que es la savia alimentadora de la anarquía crónica en que vive Bolivia. Las víctimas y los victimarios, en abigarrado consorcio, sobrellevan una especie de suplicio de Tántalo. Indisolublemente unidos a través de los siglos, llevados por su vida en comunidad a la cohabitación carnal, sujetos a estrecha dependencia económica, víctimas y victimarios no podrán ya subsistir los unos sin los otros… Viviendo en promiscuidad opresores y oprimidos, al correr de los siglos el opresor lleva en sus venas la sangre del oprimido. Esta mezcla de sangres no ha contribuido a nivelar sus seres y unirlos. Cada vez que surgen conflictos, lo cual ocurre con alguna frecuencia, quienes van a balear con armas modernas a los indígenas sublevados, son sus propios hijos, comandados por sus hermanos.”
En abril de 1952 escribió sobre el voto calificado: “Las funciones inherentes a la soberanía popular constituyen el patrimonio de una minoría que no alcanza al 7 por ciento de la población. En cifras redondas, la población de 3.000.000 de almas tiene apenas 200.000 ciudadanos. (…) Ciudades como Cochabamba, con 80.000 habitantes, tienen sólo 12.000 ciudadanos, y por causa de la multiplicidad de candidatos bajo el sistema de la simple pluralidad de votos, otorgan credenciales para diputados con 1.000 votos, o menos.”

(RECUADRO)
14 PRINCIPIOS DEL PERIODISMO LIBRE

1. La parte trascendental de la vida no está en lo que uno piensa sino en los hechos cotidianos que acontecen.
2. Ilustrar y documentar la conciencia pública antes que asumir el papel de conversor y catequista.
3. Llevar a los lectores informaciones seleccionadas con asiduidad y honestidad profesional para habilitarles a formar sobre los hechos ocurrentes su propio criterio sobre la base del conocimiento de la verdad.
4. Un público bien informado es la mejor defensa para la moral y el orden político.
5. La palabra independiente tiene un sentido que sugiere cierta doblez calculada, cierta ausencia de determinación conciencial para estar al alcance de toda conveniencia. Este es un diario libre, lo que es algo diferente.
6. No importa la tendencia política que tenga un periodista; lo único que tiene que hacer aquí es colgarla en el perchero, antes de empezar a escribir.
7. Escribo, ante todo, porque sí. Escribo sin animadversión para nadie, pero también me es preciso confesarlo, sin amor para nadie.
8. Contribuir, desde una esfera neutral, a la acción progresiva del periodismo.
9. No propiciar en la palestra ningún interés banderizo ni consigna ni fórmula preconcebida.
10. Alejarse tanto de las exacerbaciones tenaces de la oposición como de las complacencias del periodismo disciplinado.
11. No secundar las contiendas estériles y odiosas ni favorecer las obcecaciones del proselitismo inconsciente, en vez de infundir en las masas ideas de buen sentido y sabiduría práctica.
12. Libres de prejuicios y de vinculaciones que embarazan y tuercen el criterio, seguir y apreciar los hechos de la vida nacional, serena e imparcialmente.
13. Para cumplir con honradez los deberes democráticos, no es necesario acogerse a ninguna tendencia exclusiva y disociadora. El interés de la nación se contempla mejor desde un punto de mira alejado de las contiendas activas, en las que la obstinación apasionada obscurece el sentido práctico que debe informar todos los actos humanos.
14. Nosotros tenemos fe en el porvenir y en el progreso de Bolivia, por obra del trabajo y de la industria. Creemos que este país será libre y fuerte, en su régimen administrativo y en su carácter de entidad internacional, solamente cuando la acción de sus hombres dirigentes y las energías de las masas sean encaminadas con inteligencia y decisión por el sendero de la vida moderna, cuyo evangelio es la riqueza.

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