lunes, 14 de mayo de 2012

LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA
Se suele exaltar la contribución de los varones a la democracia boliviana, pero es abrumadoramente obra de las mujeres, porque se finca en ese tesón cotidiano por llevar la vida a sus hogares, a su vecindario, a su comunidad, que a veces debe superar escollos de violencia, de carestía y de penurias económicas y políticas, pero siempre encuentra su camino para seguir adelante y construir el vivir bien y la democracia.
Algo hemos avanzado para tener dos mujeres que presiden la Asamblea Legislativa: Claudia Montaño en la Cámara de Senadores y Rebeca Delgado en la Cámara de Diputados; pero el emblema de esta lucha de las amas de casa es Domitila Barrios de Chungara.
DOMITILA BARRIOS DE CHUNGARA
Xavier Albó dejó el siguiente testimonio publicado horas después de la muerte de esta noble señora. Mi muy querida Domitila: Hace unos días Ivonne me llamó y me dijo: ¡la Domitila está muy mal! Era el final de tu cáncer y tantas otras dolencias que se te han ido acumulando por más de dos décadas. El pasado viernes 9, tuve la alegría dolorosa de saludarte siquiera unos minutos en el hospital Viedma. Me miraste, en medio de los tubos que aún te permitían respirar. Me apretaste varias veces la mano. Tus ojos se posaron en el póster de nuestro querido compañero Lucho Espinal que ahí dejé para que te confortara.
El calvario de Lucho fue violento, rápido. Terriblemente prematuro. Has muerto apenas diez días antes del 32º aniversario de su martirio. Tu calvario y vía crucis, en cambio, ha durado una larga vida, con momentos de brutal violencia, cárcel y tortura, durante tu lucha desde el Comité de Amas de Casa, que cuentas con tanto detalle y franqueza en tu testimonio Si me permiten hablar…
Acabo de repasar todo lo que sufriste y cómo fuiste creciendo, resucitando una y otra vez en medio de tormentos físicos y psicológicos inimaginables, para forjarte con un compromiso y coherencia en que todos deberíamos imitarte siquiera un poquito. Me he detenido en tus relatos de cuando te detuvieron por segunda vez, por los golpes perdiste el hijito de tu vientre, te buscó la mano solidaria de un compañero, igualmente preso y torturado, cuyo nombre nunca supiste ni él supo el tuyo (págs. 154-171).
Pero tu vida ha tenido también momentos reconfortantes y de alegría. Nos tocó vivir juntos uno de esos que, gracias a ti y a las otras cuatro mujeres mineras (Aurora de Lora, Nelly de Paniagua, Angélica de Paniagua y Luzmila de Pimentel, con sus 16 hijos) se puso en marcha contra viento y marea y más allá de sofisticados cálculos políticos, en los días de Navidad de 1977. Empezaron, nada menos que en la propia casa de Monseñor Jorge Manrique, un arzobispo que era todo corazón para los mineros, el 28 de diciembre, ¡Día de Inocentes!
En el apartamentito apretado de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, tú viniste a convencernos para que organizáramos rápidamente algo bien solidario para que esta iniciativa no quedara ahogada por las fiestas. Así lo hicimos y surgió el 2º piquete, en el periódico Presencia, el último día del año, bajo tu batuta y la de mi compañero jesuita Lucho Espinal. Tú eras el puente entre los dos grupos. Con nuestra presencia en Presencia era ya imposible ocultar el movimiento. Esta segunda chispa facilitó expandir el fuego por todo el país y darlo a conocer al mundo. A los 15 días, los hambreadores ya pasaban de 1.200. Y el intento de la dictadura de deshacer el movimiento por la fuerza no hizo sino darle el vigor final, que fue desencadenando sucesos en zigzag hasta restablecer la democracia después de 15 años. Aquellos 19 días juntos nos marcaron para siempre. Como decía Lucho Espinal, ustedes cinco, y tú en particular, nos cuestionaban a nosotros, “pequeños burgueses”, simples aprendices de lo que era la vida cotidiana de ustedes.
Estos tiempos de democracia, por mucho que tengan también sus estridencias y altibajos, no llegan a las brutalidades de entonces. Pero seguimos necesitando gente de tu calibre para seguir soñando y encarrilando ese proceso todavía frágil. ¡Que retornes tú, también, hecha millones!
LIDIA GUEILER TEJADA
Fue hasta hoy la única mujer Presidenta de la República y una de las once en la historia de América Latina. Publicó su autobiografía (Mi pasión de lideresa), que contiene reflexiones únicas sobre los derechos de las mujeres. Allí dice que ingresó a la política por instinto, pues había estudiado en el Instituto Americano, era contadora pública y en 1942 logró ingresar al Banco Central para mantener a Teresa, su única hija. Su matrimonio con el prisionero paraguayo Mareiriam Pérez-Ramírez duró poco y tuvo que luchar sola para salir adelante.
La Convención de 1945 concedió el voto a las mujeres en las elecciones municipales y un año antes el derecho a tener carnet de identidad. Era una ciudadanía a medias, sólo municipal y a prueba, que aun así fue aprobada frente a una oposición que calificaba estas tímidas conquistas como una distorsión de la familia y el hogar arguyendo además que las mujeres no tenían la necesaria educación para ocupar cargos públicos. Por supuesto se hablaba sólo de mujeres de clase alta y media, nadie pensaba en la clase popular, menos en las mujeres indígenas, comenta Lidia Gueiler en su autobiografía. En 1947 la acusaron de movimientista y la echaron del Banco Central. El Presidente Hertzog le dijo en audiencia: “Esos bellos ojos verdes no pueden llorar”, pero ni él pudo reincorporarla al trabajo. Juró al MNR EL 19 de enero de 1948 y cuenta la reacción de las damas de la sociedad cuando la veían: “¿Ven a esa mujer? Mírenla bien, es la Gueiler, tienen que tener cuidado con ella, es una movimientista, una loca”. Hasta entonces, las ideas napoleónicas consagradas desde la época de Santa Cruz consideraba inimputables e interdictas como menores de edad a las mujeres; les limitaban la educación, las consideraban inhábiles para decidir por sí mismas, disponer de sus bienes, ser testigos o celebrar contratos. No tenían ningún derecho ciudadano. Con el matrimonio firmaban “sólo un contrato sexual y de servicios domésticos con el marido, sin ninguna cláusula a su favor”, comenta doña Lidia, señalada por las damas porque era divorciada, con la hija en un internado, política que vivía sola y “cotizada por los hombres”. “Una barzola indomesticable de ojos verdes”, conforme se había distorsionado la imagen de María Barzola, mujer minera a quien segó la metralla militar en 1942 envuelta en la bandera nacional, cosa que era “como confundir a Abaroa con un loco o a Bolívar con un conquistador”, según la gráfica expresión de doña Lidia. Ese nombre tuvo el Comando Femenino de la FSTMB, dirigido por Julia María Bellido. Doña Lidia hace una observación todavía vigente: las responsabilidades de la militancia femenina se reducían a llevar ropa, alimentos, mensajes y publicaciones del Partido a los varones que vivían en la clandestinidad, pegar volantes y reclamar por detenidos. Entre las pioneras de las luchas femeninas, señala a Rosa de Barrenechea, Isabel Zuazo, Emma de Bedregal, Cristina de López Villamil, Sabina de Riveros, Rosa Lema Dolz, Gladys Echegaray de Ballivián, María Urioste, María Guzmán, la Paucara y Catalina Mendoza, dirigente de la Unión Femenina de Floristas, organizada en 1936. Su hija Teresa vivía interna a sus 8 años, no iba al cine ni de paseo sino a reuniones políticas, a visitar celdas, asistir a funerales y acompañar a su madre en huídas intempestivas. “Cuando un hombre caía detenido, las calamidades llovían sobre él y su familia: despidos, persecución, hambre… Los hijos, hermanos, tíos, amigos sufrían las consecuencias. Mientras que cuando una mujer caía detenida, decían que había perdido la cabeza, que se había dejado convencer y generalmente la censura se concentraba en la familia que no había sabido educar a esa descarriada”.
Doña Lidia habla de un antecedente valioso de la huelga de hambre de las mineras, que dio fin a la dictadura de Banzer, que protagonizó ella en abril de 1951 junto a 27 mujeres y una niña de 5 años en protesta por la anulación de las elecciones en las que ganó el MNR.
Era hija de Moisés Gueiler y de Raquel Tejada y se casó luego con Edwin Moller. Diputada, fundadora del PRIN en 1963, delegada boliviana a la Comisión Interamericana de Mujeres y Presidenta de la República. Ella instituyó el Día de la Mujer Boliviana el 11 de octubre, en homenaje a Adela Zamudio. Com dato curioso, es pariente de Jo Raquel Tejada o Raquel Welch.

GENOVEVA BALLESTER
Hoy tiene 74 años, 2 hijos y 5 nietos, ha nacido en Potosí y es Licenciada en Bioquímica y Farmacia. Se llama Genoveva Ballester y su nombre está ligado a la lucha por los derechos de las mujeres, como una de las primeras delegadas al Consejo Universitario de la UMSS en representación del Frente Revolucionario Universitario Católico y fundadora de diversas instituciones, como la primera Cooperativa de Salud en Llallagua (COPOSA), del Frente de Mujeres Soberanía y Paz y de la Plataforma de Mujeres por la Ciudadanía y la Equidad. Ha organizado el primer laboratorio y banco de sangre de Llallagua, una organización solidaria de acogida de exiliados políticos bolivianos en Lima y tiene amplia experiencia de trabajo con mujeres indígenas en Centro América. Desde 1985 milita en los movimientos de mujeres feministas de Bolivia y América Latina y ha participado en encuentros y congresos nacionales e internacionales.

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