miércoles, 15 de agosto de 2012

NEMECIA ACHACOLLO I

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NEMECIA ACHACOLLO TOLA I (vea las 4 partes)

Fuente: Ramón Rocha Monroy, BIOGRAFÍAS URGENTES, Ed. Kipus, 2011.

Las compañeras de la organización le dicen Neme. Se llama Nemecia Achacollo Tola y es una aguerrida dirigente. Nació el 18 de julio de 1967 en la localidad de Yapacaní, provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz. “En el Kilómetro 23, Segunda Faja Norte”, precisa doña Neme. Actualmente es Ministra de Tierras del gabinete del Presidente Evo Morales Ayma.

Sus padres son Manuel Achacollo, de origen aymara, nacido en Oruro en 1939, y Paulina Tola Martinez, también de origen aymara y  nacida en Oruro en 1945. Nemecia Achacollo es la segunda de cuatro hermanos: Magdalena (44), Margarita (36) y Marcos (33).  Habla en quechua y español; entiende el aymara, pero no lo habla bien.

Vivió hasta los ocho años en la localidad de Yapacaní, y estudió en la escuelita de la comunidad hasta segundo básico. A esa edad, sus padres se trasladaron con ella a la provincia Ñuflo de Chávez, en el sector Berlín. Pasarían dos años antes que Nemecia pudiera retornar a la escuela.

-          Entonces he vuelto a empezar prácticamente de cero, del primero al cuarto básico, y de ahí no pude más estudiar por el hecho de que no había colegio cerca de donde yo vivía. Desde chica ayudé a mi mamá en las labores de la casa, y cuando ya tenía unos 10 años, junto a mis otras hermanas, he apoyado a mi papá en el trabajo del chaco.


Su compañero es Adalberto Barboza Céspedes. Es chofer y vive en Montero. Tienen cuatro hijos: Noemí Barboza Achacollo (19) casada, ama de casa, con una hija de cuatro meses que se llama Ana Belen Arispe; Gustavo (15) soltero, actualmente vive en el municipio de Santa Rosa, Zona El Choré y ayuda en el campo a sus abuelos; Sara (13) y Rebeca (11), ambas solteras, estudiantes, viven en Montero.

VIDA PRIVADA

Cómo era la vida cuando era niña

- Yo recuerdo que mi papá nos trasladaba de un lugar a otro. Creo que lo hacía por nuestro bienestar. Vivíamos en Yapacaní, donde teníamos una casita rústica a la orilla de un río donde teníamos nuestra parcela con bastantes plantas de fruta, pero mi mamá mucho se enfermaba y creo que por eso nos fuimos a Mineros. Ahí nos dejaron un tiempo y otra vez nos movimos para ir a Berlín, donde nos llevaron muy lejos. Mi papá hizo una casita muy rústica y vivíamos a cinco kilómetros de la comunidad. Ahí teníamos bastantes animalitos y me acuerdo que nos compraron bicicletitas para que nos pudiéramos mover. Junto a mi hermana mayor teníamos la responsabilidad de cuidar a mis hermanos menores que estaban pequeñitos y trajinábamos a la escuela cinco kilómetros todo el día cargadas de nuestros hermanos y así hemos estado por un tiempo hasta llegar a la comunidad de Patujú.

Juventud 

-          Cuando joven yo la seguía mucho a mi hermana mayor, con la que más me llevaba. De joven muy poco me gustaban las fiestas, a no ser la fiesta patronal de la comunidad. Creo que esto se debe a que en mi casa no nos gustaban las fiestas; incluso nunca festejábamos los cumpleaños en mi familia, solamente festejábamos el cumpleaños de mi papá, que es nacido el 25 de diciembre y el cumpleaños de mi mamá que lo festejábamos el 27 de mayo, a pesar de saber que es el 9 de febrero. Nosotros lo hacemos hasta hoy el 27, Día de la Madre.
-          Mi papá nos llevaba a las fiestas, nos compraba ropa, se dedicaba a hacernos pasear en las vacaciones; incluso una vez nos llevó a Oruro. A pesar de todo eso, nunca tuve la inquietud de querer salir. Yo era más casera, tenía mi grabadora grande donde escuchaba mi música, y también el informativo.
-          Ahí, junto a mis padres me quedé hasta  los 15 años. Luego mi padre compró una casa en Mineros y allí nos trasladó y pude ir a una academia de corte y confección. Viví en Mineros un año, junto a mis hermanos; luego ellos se quedaron allí y yo me volví al campo, donde mis papás, porque ellos estaban solos. Retorné a ayudarlos. Mi padre me compró máquinas de costurar y bastante tela para que yo pudiera trabajar independiente en mi casa  como costurera y así he podido estar acompañando a mi papá todavía cinco años hasta cumplir los 20, cuando me junté con el que es ahora mi pareja y me fui a vivir  a unos tres kilómetros de la casa de mis papás.


Madurez

- Me junté con mi esposo y ya llevo con él 21 años. Me acuerdo que él fue a hablar con mis papás. Mi padre era bastante compresivo aunque no quería que yo salga de mi casa, pero al final aceptó. Después de que yo me casé, mi papá llegó a ser dirigente de la comunidad, pero yo no podía apoyarle porque estaba dedicada a mi casa y también al cuidado de mis hijos. Me había acostumbrado a vivir así, sin tener participación en la comunidad pues tenía la atención de mi casa. Mi esposo que trabajaba y parecía que no había más necesidades. Así estuve por casi diez años, hasta que con mi esposo decidimos trasladarnos a Santa Rosa, al Choré, siguiéndolos a mis papás que decidieron irse por allá en busca de tierras. Nos fuimos y allá fue donde empecé mi vida de dirigente.

Qué se comía

- Es que no hemos cambiado mucho, pero hemos mejorado algunas cosas. Cuando vivíamos en Yapacaní sólo se sembraba arroz y maíz. Por suerte vivíamos a la orilla del río y se podía sembrar también yuca o cebolla. En cambio en Berlín o en el Choré ya se sembraba de todo, más variedad. Ponías una gran parte de maíz, yuca, frijoles, camote, cebolla, papa y hasta trigo daba, porque la tierra buena. También me acuerdo que al convivir con los compañeros orientales del lugar, mi mamá aprendió a cocinar masaco, locro y majadito; y a hacer pan de arroz. Para nosotros todo eso era novedad. Después mi mamá nos enseñó a todas.

Diversiones

- De niñas nosotras vivíamos distanciaditas de la comunidad. Teníamos nuestras propias diversiones. Por ejemplo, nos hicimos una cancha en mi casa, teníamos nuestro balón e invitábamos a los otros compañeros y compañeras que había y jugábamos fútbol. Otra diversión eran las fiestas patronales que me acuerdo se hacían con tamborita y flauta. Se bailaba la música oriental genuina; era muy divertido. Ahora, sobre juegos populares, no jugué nada, sólo a la pelota.     

Fiestas

- Para nosotros la fiesta más interesante era el aniversario de la comunidad que caía el 24 de septiembre,  día de Santa Cruz. Hacíamos el homenaje a Santa Cruz y a nuestra comunidad. Había bastantes comidas típicas y también dulces, tablillas, empanizaos y juegos populares como el palo encebao, el pato enterrao, era muy divertido. Lo que yo hacía era mirar lo que jugaban mis hermanas; sobre todo a las menores les gustaba jugar esas cosas.

Costumbres
-          Mi papá tenía como costumbre en carnaval festejar el Martes de Ch’alla. Para él eso era muy importante, pero para mí la fiesta de carnaval ha sido una de la fiestas más perjudiciales porque veía que mi papá se perdía una semana entera. Le gustaba ch’allar, invitar gente a la casa y  entonces para mí el carnaval eran sólo días de trabajo para la familia. Ahora ya no lo hace así y nosotros sus hijos tampoco.
-          Mi padre hacía para el Año Nuevo un agradecimiento a la Pachamama por la salud y el producto que le había dado ese año; y por la familia unida. Él y mi mamá hacían eso porque eran de la misma costumbre, nosotros participábamos pero creo que a nosotros no se nos han quedado esas costumbres. Por ejemplo, esa costumbre de Año Nuevo ya no la tenemos. La verdad es que nos hemos dedicado mucho a esta vida de la organización y nos hemos olvidado mucho de las costumbres; pero mi papá todavía las mantiene. Por ejemplo, el día de San Juan para él es un día sagrado. Él dice que ese día es para descansar, para agradecer; en cambio ninguno de la familia ha sabido conservar estas costumbres.

Conocimientos agrícolas

-          Yo lo he apoyado directamente a mi papá en el trabajo del campo. Él decía que el arroz tenía que sembrar hasta el 15 de noviembre máximo, porque más allá toca la sequía o la lluvia y el arroz ya no da. También decía, y hasta ahora lo dice, que la luna llena no sirve para hacer la siembra de arroz porque crece y se cae, o si no le entran bichos. Desde muy pequeña yo vi qué es lo que hacía. Cuando aparece la luna llena es señal de que ese mes va a haber lluvia. Mi padre cree mucho en los sueños. Él los interpreta. Dice: “Me he soñado con tal persona y creo que va a venir”, y aunque parezca increíble, a veces sus sueños se hacen realidad.

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